martes 28 de abril de 2009

La visita del primer “damo” de Francia



El periodismo español es referencia para nosotros los periodistas latinos. Diarios como El País, El Mundo o agencias de noticias como EFE son consulta obligada para quienes cursamos estudios en las escuelas de Latinoamérica o al menos en las venezolanas, pues los españoles tienen la capacidad de convertir, con gran estilo, la nada en noticia y la noticia relegarla hasta dejarla en nada.

Traigo este tema a colación por la llegada del mandatario francés, Nicolás Sarkozy y de su no menos famosa esposa, Carla Bruni; pareja que vino a España en su primera visita oficial.

La visita, que tuvo como finalidad hacer una cumbre bilateral para debatir temas de seguridad, en especial el trato que Francia debe dar a los miembros de ETA, y otros referidos a la economía y avances tecnológicos, se convirtió en el relanzamiento de la cantautora y ex modelo Carla Bruni, digo esto porque quienes vivimos en España aún no nos hemos enterado de los resultados de la reunión entre mandatarios, porque la beldad-con sus vestidos y su comportamiento- dejó de lado al francés.

En esta breve estancia de dos días de la pareja franco-italiana, la ejemplar prensa española dio jerarquía noticiosa a las buenas relaciones entre ambos países, pero los espacios interiores de las páginas fueron ocupados por crónicas y reportajes sobre lo mal vestida que estuvo la princesa Letizia en la cena con Bruni.La primera dama sacó su mejor estampa de modelo y se mostró regia ante los lentes, acompañada por una ensombrecida princesa de traje repetido.

Fue tanta la atención prestada a Carla Bruni que el propio Sarkozy manifestó su sorpresa al no saber que su esposa le robaría el show, lo bueno es que se lo tomó por el lado amable y dijo: “no sabía que una italiana uniría tanto los lazos de España y Francia”.

Otra de las noticias más relevantes durante esta visita fue el salto que le dio la Bruni al protocolo real al no rendirle reverencia a los reyes. “Carla Bruni de pasarela en Madrid”. “La elegancia de Carla Bruni”. Carla Bruni se puso tacón” y “Carla Bruni se interesó por Las Meninas de Velázquez” fueron los titulares más importantes del día.

A todas estas, Sarkozy seguía su discurso en el pleno del Congreso, pero los diarios están contagiados de gripe porcina y embelesados con la belleza italiana. ¿Cuál será el verdadero resultado de esta cumbre bilateral o debería decir, de este fashion show que hasta tuvo un primer "damo"?
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jueves 23 de abril de 2009

“Venezolanadas” en el metro de Madrid

Desde que me mudé a Madrid he recuperado un privilegio que en mi país no tenía, el de ser una transeúnte más, usuaria del metro, caminante de las calles y bulevares, y hasta pasajera de autobús; con lo cual, observar el comportamiento humano y hasta sus sentimientos se hace bastante sencillo.

En uno de mis recorridos del metro me encontré con tres compatriotas, la manera de identificarnos es un poco vergonzosa pero sencilla, un tono a veces arrogante y muchas muletillas con las palabras: ¡Osea! ¿Sabes?, nos delatan a leguas.

Las pasajeras formaban un trío que parecía de madre, hija y sobrina. Entre una frase y otra, entre bolsas de ropa, perfumes y souvenirs, llegó la conversación inevitable de quienes viven lejos: extrañar o no el país. Con la pregunta se asomó también la respuesta de muchos quienes estamos en el extranjero, esa excusa que han asumido un montón de personas para “huir” de sus propios demonios echándole la culpa a un gobierno.

Y me preguntaba mientras las escuchaba hablar- no sólo yo, todos los españoles, británicos, dominicanos, peruanos, ecuatorianos y chinos, por mencionar algunos de los testigos de aquel diálogo- si 10 años de un mal gobierno, son suficientes para no extrañar el lugar que te vio nacer, dar tus primeros pasos y reunir, ciertamente con esfuerzo, el dinero que te permite estar aquí.

Me venía a la mente el orgullo que sienten los argentinos por su Patagonia y su “Buenos Aires querido", pese años y años de debacle financiera y gobiernos prostituidos. Pensaba en las muchas veces que he escuchado un ¡viva Santo Domingo! Cuando dominicanos eufóricos se saludan al ritmo del merengue; en la cantidad de restaurantes mexicanos que siempre están llenos, porque ellos están orgullosos de sus tortillas, tamales y chiles; o en como los cubanos, a pesar de ser víctimas de una de las injusticias sociales, políticas y económicas más grandes de la historia, aún le hacen canciones a su Habana.

Me molesta cada vez que alguien de aquí, seguramente informado por personajes como las pasajeras del metro, me pregunta si es verdad que en mi país hay dictadura, cuando más de un millón de personas creyeron que era mejor quedarse viendo televisión que ir a votar en contra de que el gobernante de Venezuela tuviera la libertad de ser reelecto cada vez que quisiera.

Siento indignación cuando mis compañeros dicen que se vinieron huyendo a España y que no quieren volver jamás. Me preguntaba si el destino tal vez nos está cobrando un poco de nuestra arrogancia y de ese mensaje tan negativo que damos de nosotros mismos, de nuestras raíces. Ya no me extraña para nada que se sorprendan cuando se enteran de que no usamos taparrabo, que hablamos más de un idioma o que damos más la talla que muchos de los profesionales locales, porque nos están viendo tal como nos vendemos.

Si yo tuve este alboroto de sensaciones en cinco estaciones de metro y en medio de una conversación trivial, qué pensarán de nosotros quienes conviven, trabajan o frecuentan a personas como éstas.
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miércoles 22 de abril de 2009

Semana Santa en Málaga




Cuándo fui a Málaga era muy poco lo que sabía de esta zona de España, pero ya muchos me habían hablado del salero de sus mujeres, ese que caracteriza a la andaluza; había escuchado la música de Chambao, grupo de la zona, y algo que está demás decir, que allí nació Picasso.

Decidí buscar sol, arena y mar, comer pescado frito y recordar mi Semana Santa en Margarita cuando aún era estudiante.

Fueron cinco horas en carro desde Madrid. Molinos y más molinos se agrupan en las pocas montañas que hay en la vía y a lo lejos se puede ver, en un tramo de la carretera, el recorrido de Don Quijote de La Mancha, camino que prometo hacer para contarles como está eso de luchar contra hombres imaginarios.

En la ciudad tomamos un taxi cuyo conductor es lo más parecido que he visto en España a un taxista venezolano, hablaba rápido, entabló conversación inmediatamente con nosotros y nos preguntó “de qué tierras lejanas proveníamos”. Esta amabilidad y empatía sólo se debe ver en el interior, en Madrid la gente es más “europea”. Debe tener algo que ver con el clima.

Como llegué moribunda del hambre fui a calmar mi necesidad en un chiringuito (restaurante playero), donde nos recibió un amigo con un plato típico de la zona: espeto de boquerones, pescado frito, calamares, unas almejas frescas en jugo de limón y unas berenjenas bañadas en miel. Creo que no tengo que explicarles lo bueno que estaba todo aquello.

Tratamos de conocer algunos de los sitios más relevantes de Málaga y la verdad es que la Semana Santa no es la mejor época. La movida religiosa colma las calles de fe las 24 horas del día, así que nos quedó ver la ciudad de noche, con las calles llenas, pero con menos tráfico.

Málaga encierra en sus pequeñas vías la modernidad de una ciudad cosmopolita, con todo el componente comercial y cultural que eso requiere, ejemplo de esto es la calle Larios; pero también lleva intrínseco su antigua historia romana presente en su teatro o su influencia musulmana, evidente en la Alcabaza.

La conquista cristiana dejó su huella más profunda en Málaga, siendo la Semana Santa una de las festividades más importantes de este pueblo que se desborda en fervor mañana, tarde y noche.

La noche que salí a ver las procesiones de los tronos no podía creer la cantidad de feligreses que se volcaron a las calles. La mujer rinde homenaje a Dios, pero también a su belleza. Todas, pero absolutamente todas se vistieron a la altura de la ocasión y, sin importar lo que hay que caminar, los tacones son parte del “hábito”. No arreglarse debe ser pecado.

Los tronos, que preparan con la mayor ostentación posible cada una de las cofradías, son paseados por toda la ciudad según la preferencia de las hermandades, aunque existe un camino oficial de unos 800 metros que comienza en la Alameda Principal, recorre la calle Larios y un tramo de la calle Granada.

No cualquiera tiene el honor de cargar un trono, primero hay que ser miembro de alguna de las cofradías, luego ganarse el derecho y/o heredarlo. Las hermandades de la Semana Santa de Málaga se rigen por unas reglas que son refrendadas por la autoridad eclesiástica y que en la antigüedad debían ser aprobadas por el Real Consejo de Castilla.

No sé cuánto pesa un trono exactamente, pero un profesor de educación física de Málaga, quien también ha sido portador o costalero (hombre que carga tronos) por muchos años, comparó el esfuerzo realizado durante intervalos de 5 y 7 horas con hacer un triatlón, aunque acota que no hay esfuerzo que se parezca éste, por la intensidad de las caminatas, los breves descansos y la repetición a lo largo de los días.

Si tuviera que calcular el peso de cada trono, lo haría sumando al centenar de portadores o costaleros, sobre los hombros de los cuales reposan individualmente más de 20 kilos, mediría en litros el sudor de sus frentes y les preguntaría por cuánto tiempo les quedó doliendo el cuerpo. A esto le agregaría la longitud de cada calle y el trabajo de todo un año hasta llegar a los grandes días Santos.
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martes 14 de abril de 2009

Tipos de roommates



Se dice que la familia no se escoge, uno termina queriendo a los miembros de su grupo familiar como son. Hay gritos, peleas y, a la vez, abrazos cariñosos. Pero no sólo no se escoge a la familia, tampoco a los roommates o compañeros de piso.

Según entrevistas sin advertir que he hecho a compañeros, he podido sacar algunas tipologías y comportamientos de los roommates, esos compañeros infaltables e inevitables.

Y es que los compañeros de apartamento son una especie de mal necesario, al final, terminas amándolos u odiándolos, pero siempre viviendo con alguno. Sea cual sea tu caso, seguro en esta lista consigues al tuyo.

El tímido: este no habla con nadie, procede de un pueblo y se fue a la capital a buscar mejor calidad de vida. Sacarle una palabra es tan difícil como darle ensalada a un chico de cinco años. Vivir con uno así es como vivir sólo, sólo te acuerdas de que está cuando te encuentras sus platos sucios o cuando lo ves dormido en el sofá con una bolsa de papas fritas en el pecho.

El / La calculadora: este o esta es súper inteligente, te hace creer que eres el mejor amigo, sin ti no puede vivir, eres lo máximo, pero en realidad está usando toda su inteligencia para ver cuánto provecho te saca. Tú te das cuenta al mes, pero no lo puedes creer así que lo sigues queriendo; a los tres meses ya es sólo tu compañero de algunas salidas y cenas en casa. Si sobrevives a su amistad, al poco tiempo descubres su estrategia y te pones en guardia.

El (la) carente de afecto: este es uno de los peores casos, es el chico o chica que vive más sólo que Rambo en la jungla y quiere que seas su familia. Te recibe de lo mejor, prepara comida para todos en casa y hace planes para el fin de semana. Se hace amigo (a) de tus amigos, sale contigo y, claro está, con tus amigos. Se enamora de tus amigos. Sí claro, tu quedas en medio de todo este drama amoroso.

Los filósofos: este es un grupo que se dedica a hablar sobre los problemas del mundo. “Tabaco” en mano discuten cada viernes sobre la matanza de animales, el comunismo y el bien social. Son una especie de hippies trasnochados que te han convertido en fumador pasivo. No suelen molestar, su nivel intelectual les permite vivir en comunidad, pero cuando se ausentan, te das cuenta de que tu casa huele mucho mejor.

Los que intiman: estos son los que violan toda regla de convivencia y terminan pagando dos cuartos para dormir sólo en uno. Se conocen más casos de fracaso que de éxito en este tipo de relación. Al terminar la relación afectiva siguen juntos en el apartamento, pero ahora comparten su cuarto con otro u otra.

Los fiesteros: no dejan dormir a nadie, todo el tiempo llevan gente a casa, siempre tienen un motivo para celebrar y no les importa que los demás deban levantarse temprano. Parecen tener una fábrica de dinero, pues trabajan poco o nada.

Los descuidados: Los miembros de esta especie jamás movieron un dedo en su casa, por ende no pretende hacerlo ahora. Los hombres dejan la tapa del inodoro arriba, muchas veces con rastro de que estuvieron por allí. Son fácilmente identificables porque la pasta de dientes que usan siempre está plana de tanto exprimirla, luego no botan el tubo para que creas que no te quita de la tuya. El lavaplatos siempre está lleno de sus cosas y la mesa de las migajas de su pan. No hablo del cuarto porque lo mejor es no entrar.

Los depresivos: Son los que no superan la salida de casa. Lloran como niños todas las noches y esperan que tú los consueles. Suelen juntarse con los fiesteros para calmar la depre, pero siempre recaen.

Los maniáticos: Estos son la perfección hecha humanidad. Cuarto ordenado, cocina limpia, son los mejores alumnos, los mejores trabajadores. Insoportablemente cuidadosos, respetuosos del espacio. Viven frustrados porque jamás reciben el trato que dan, siempre tienen a su lado a algún calculador, aparatoso (descrito a continuación) o descuidado, esto con suerte, porque en el peor de los casos vive con los tres.

Finalmente recuerdo a Los aparatosos: son súper amigables, educados, limpios y hasta cocinan rico, pero como nada es perfecto, les cuesta moverse por la casa sin hacer ruido. Tiran las puertas, taconean más que en un tablao flamenco y hablan a toda voz sin importar la hora. Ellos nunca están concientes del ruido que hacen, se lo dices y se disculpan, pero al día siguiente lo vuelven a hacer.

Cualquiera que sea tu tipo de roommate, ten un poco de paciencia, tu nuevo hogar incluye a estos especímenes. Seguro que para ellos tú también eres miembro de alguno de estos grupos.
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lunes 6 de abril de 2009

Prácticas renovadas

El 19 de este mes se acaban mis tres meses de prácticas y he recibido una contrapropuesta de la dueña de la agencia para la cual trabajo. Su idea es que me quede tres meses más y evaluar un posible ingreso con mejores condiciones en septiembre. Imagino que aprovechará la pausa del verano para encaminar su empresa y decidir qué y a quiénes necesita dentro.

De todas maneras, para mi representa una buena noticia. Tengo tres meses más de producción, con un aumento en mi paga mensual y poco a poco las cosas se encaminan. Es que en España las cosas son más lentas. Aprender a tener paciencia es el aprendizaje más importante que he tenido hasta ahora. Parece poco, pero no saben cómo ayuda a sobrellevar el día a día.

No sólo me conformé con aceptar la renovación, pedí un poco más para mi, no de dinero, si no de actividad dentro de la empresa. Quiero aportar mi experiencia y ayudar a crecer a esta agencia que aún es pequeña, pero que tiene gran potencial. Mi visión de empresa de acelera cada vez que pienso en todo lo que se puede hacer y quiero dejar mi grano de arena. Me gusta marcar mi huella por donde paso y eso es lo que intento en este trabajo.

Ustedes pensarán que es mejor estar en otro lugar y ganar más dinero, que al final el dinero es lo que sirve para vivir y pagar las cuentas. Es verdad, pero yo veo un poco más adelante, mi visión es “360”. Siento el potencial de un lugar que me puede dar estabilidad a corto, mediano y largo plazo; de donde puedo absorber lo mejor y en el cual puedo aportar al crecimiento empresarial, que también puede ser el mío como profesional. Pienso en exprimir conocimientos y adaptarlos a mis planes futuros. No me satisfago con ser una empleada más, yo quiero a mis propios empleados.

Hoy seré así de breve, me despido. Sólo quería contarles que las cosas van cada vez mejor e invitarlos a que se unan a esta ola de buenas noticias, para que sientan que sí se puede, pues talento tenemos de sobra.
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viernes 3 de abril de 2009

Cuando lo cotidiano se vuelve un lujo

Una de mis actividades diarias favoritas es comer. Comer unas cinco veces al día en porciones pequeñas, así me lo enseñó mi madre y hoy en día continúo haciendo lo mismo.

Como buena nativa de un país tropical, mis desayunos incluían, y ya verán por qué ahora no es así, una arepa caliente (una especie de pan de maíz, muy rico por cierto), con mantequilla derretida y queso fresco. De postre-sí el postre del desayuno- una buena porción de frutas. Cambures (llamados plátanos por estas latitudes), lechosa (papaya), piña, melón (rosado, no blanco como los de acá) y mango eran los más habituales. A veces había un juguito, no "zumo" de tetrabrik, sino un batido espeso hecho en licuadora; o uno de naranja recién exprimida.

Intenté seguir este ritmo y me encontré con mi primer obstáculo en Madrid. Las frutas más vendidas son el fresón (fresa grande y de poco sabor), las uvas, el kiwi, las manzanas y peras. Las tropicales son parte de un menú muy lujoso. Así, por ejemplo, un kilo de manzana (aproximadamente 6 unidades), cuesta lo mismo que un mango verde e insípido. Las peras son más baratas que las piñas y las uvas más baratas que la lechosa.

Para que tengan una idea de lo poco o nada que pagaba por estas frutas, les cuento que mis padres tienen una casa grande y en ella un patio en el que siembran algunas frutas; con lo cual, a lo largo de los años hemos tenido plantas de mango, papayas, mandarinas, limón (el pequeñito jugoso, no el grande y seco con sabor artificial), patillas (sandías) y jobo, este último desconocido hasta por personas de mi tierra.

Otra de las cosas ausentes en los mercados españoles- y esto es algo preocupante para cualquier venezolano, en especial orientales y maracuchos- es el plátano maduro, ese delicioso manjar con el cual le damos el toque dulce a nuestros almuerzos. El plátano frito, asado, sancochado... ¡cómo sea!... pero siempre presente, es un “bien” costoso y, además, difícil de conseguir. He llegado a pagar hasta seis euros por una ración de plátanos fritos. Allá no llegaba ni a un euro.

Pero veamos el tema de las licuadoras. Nunca vi en Venezuela una casa sin licuadora. En mi casa hay tres. Aquí las licuadoras son más caras que un horno microondas y todo el mundo compra “zumos” de larga duración con mezclas exóticas como, fresa-plátano (Cambur de las Canarias), kiwi-soja y yo qué sé cuántas más. Claro que existen los clásicos de durazno, naranja y manzana, pero nada es igual. Lo positivo es que bebo más agua que antes.

Ni hablar de la arepita caliente. Luego de cinco meses no sé cuánto estará costando un paquete de harina en Venezuela, pero aquí pago más de 3 euros (más de 12 BsF) por un paquete de Harina Pan, hecha en Venezuela y exportada por Colombia (bendita política), para tener el gusto de comerme una arepita con huevo frito el domingo por la mañana.

Ya he olvidado por completo el sabor de los quesos telita, guayanés, paisa y en mis más remotos recuerdos se vislumbra un trozo de palmi Zulia, porque aquí en España, lo que por 29 años fue cotidiano ahora es un lujo.
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