
Se dice que la familia no se escoge, uno termina queriendo a los miembros de su grupo familiar como son. Hay gritos, peleas y, a la vez, abrazos cariñosos. Pero no sólo no se escoge a la familia, tampoco a los roommates o compañeros de piso.
Según entrevistas sin advertir que he hecho a compañeros, he podido sacar algunas tipologías y comportamientos de los roommates, esos compañeros infaltables e inevitables.
Y es que los compañeros de apartamento son una especie de mal necesario, al final, terminas amándolos u odiándolos, pero siempre viviendo con alguno. Sea cual sea tu caso, seguro en esta lista consigues al tuyo.
El tímido: este no habla con nadie, procede de un pueblo y se fue a la capital a buscar mejor calidad de vida. Sacarle una palabra es tan difícil como darle ensalada a un chico de cinco años. Vivir con uno así es como vivir sólo, sólo te acuerdas de que está cuando te encuentras sus platos sucios o cuando lo ves dormido en el sofá con una bolsa de papas fritas en el pecho.
El / La calculadora: este o esta es súper inteligente, te hace creer que eres el mejor amigo, sin ti no puede vivir, eres lo máximo, pero en realidad está usando toda su inteligencia para ver cuánto provecho te saca. Tú te das cuenta al mes, pero no lo puedes creer así que lo sigues queriendo; a los tres meses ya es sólo tu compañero de algunas salidas y cenas en casa. Si sobrevives a su amistad, al poco tiempo descubres su estrategia y te pones en guardia.
El (la) carente de afecto: este es uno de los peores casos, es el chico o chica que vive más sólo que Rambo en la jungla y quiere que seas su familia. Te recibe de lo mejor, prepara comida para todos en casa y hace planes para el fin de semana. Se hace amigo (a) de tus amigos, sale contigo y, claro está, con tus amigos. Se enamora de tus amigos. Sí claro, tu quedas en medio de todo este drama amoroso.
Los filósofos: este es un grupo que se dedica a hablar sobre los problemas del mundo. “Tabaco” en mano discuten cada viernes sobre la matanza de animales, el comunismo y el bien social. Son una especie de hippies trasnochados que te han convertido en fumador pasivo. No suelen molestar, su nivel intelectual les permite vivir en comunidad, pero cuando se ausentan, te das cuenta de que tu casa huele mucho mejor.
Los que intiman: estos son los que violan toda regla de convivencia y terminan pagando dos cuartos para dormir sólo en uno. Se conocen más casos de fracaso que de éxito en este tipo de relación. Al terminar la relación afectiva siguen juntos en el apartamento, pero ahora comparten su cuarto con otro u otra.
Los fiesteros: no dejan dormir a nadie, todo el tiempo llevan gente a casa, siempre tienen un motivo para celebrar y no les importa que los demás deban levantarse temprano. Parecen tener una fábrica de dinero, pues trabajan poco o nada.
Los descuidados: Los miembros de esta especie jamás movieron un dedo en su casa, por ende no pretende hacerlo ahora. Los hombres dejan la tapa del inodoro arriba, muchas veces con rastro de que estuvieron por allí. Son fácilmente identificables porque la pasta de dientes que usan siempre está plana de tanto exprimirla, luego no botan el tubo para que creas que no te quita de la tuya. El lavaplatos siempre está lleno de sus cosas y la mesa de las migajas de su pan. No hablo del cuarto porque lo mejor es no entrar.
Los depresivos: Son los que no superan la salida de casa. Lloran como niños todas las noches y esperan que tú los consueles. Suelen juntarse con los fiesteros para calmar la depre, pero siempre recaen.
Los maniáticos: Estos son la perfección hecha humanidad. Cuarto ordenado, cocina limpia, son los mejores alumnos, los mejores trabajadores. Insoportablemente cuidadosos, respetuosos del espacio. Viven frustrados porque jamás reciben el trato que dan, siempre tienen a su lado a algún calculador, aparatoso (descrito a continuación) o descuidado, esto con suerte, porque en el peor de los casos vive con los tres.
Finalmente recuerdo a Los aparatosos: son súper amigables, educados, limpios y hasta cocinan rico, pero como nada es perfecto, les cuesta moverse por la casa sin hacer ruido. Tiran las puertas, taconean más que en un tablao flamenco y hablan a toda voz sin importar la hora. Ellos nunca están concientes del ruido que hacen, se lo dices y se disculpan, pero al día siguiente lo vuelven a hacer.
Cualquiera que sea tu tipo de roommate, ten un poco de paciencia, tu nuevo hogar incluye a estos especímenes. Seguro que para ellos tú también eres miembro de alguno de estos grupos.















