
Desde que llegó el año nuevo han retumbado en mis oídos dos palabras: crisis y rebajas. Los madrileños viven quejándose de que la crisis tiene mal al país, de que España se va al foso, pero tan retumbante en los oídos es la palabra crisis, como el ruido en todas las tiendas de Gran Vía y distintos centros comerciales de la ciudad, repletos de compradores y compradoras compulsivas.
Ni que decir de los restaurantes y bares, llenos a reventar desde las 10 de la mañana, aquí cualquier hora es buena para una caña y un cigarrito, o un café y un cigarrito. Sólo en la calle donde está mi oficina hay seis restaurantes, además de la discoteca del momento y jamás los he visto vacíos.
Madrid, siempre adelante en muchas cosas, dio el pistoletazo para la carrera de las rebajas el 2 de enero, lo cual dio ventaja a quienes aún no habían resuelto lo del regalo de Reyes. La ropa es la reina de las rebajas, la gente hace filas enormes a la espera de que abran su tienda favorita para llevarse lo mejor de la temporada.
Lo crean o no, la apertura de la tienda puede ser hasta una acto violento, pues todos saltan como leones sobre la presa cuando las puertas se abren, es como si se les diera paso al paraíso y todos quisieran ocupar el sitial de honor. Toda una olimpiada de la compra.
Se dice que cada español ha gastado una media de 110 euros durante las rebajas de 2009, que ya están por terminar. Las rebajas no son cualquier cosa, de hecho representan la época en la que muchos comerciantes recuperan sus inversiones, en especial los que venden textiles, pues 69% de la población prefiere comprar este rubro en época de ofertas; le siguen los complementos (18%), nuevas tecnologías (6%) y los artículos relacionados con el ocio y tiempo libre (5%), esto lo dice la Federación de Usuarios-Consumidores Independientes (FUCI).
Por mi parte, he conseguido carteras por apenas 6 euros, vestidos por 10, camisas por 3 euros, pantalones por 9 euros y no les sigo contando porque creo que me salgo de la media de gastos de un español común.
Pero no se depriman si no les da tiempo de conseguir nada que les guste hasta el 31 de marzo, la buena noticia es que en junio hay nuevas rebajas. De la misma forma que en las rebajas de enero, los comerciantes madrileños tienen un mínimo de una semana y un máximo de dos meses entre junio y septiembre para darle duro a los precios, así que a olvidarse de la crisis y a competir por la mejor blusa.















