
Después de vivir intensas nevadas en Madrid, sentir 15 o 17 grados en un día es casi como estar en el paraíso. El invierno ya va pasando y se ven en las calles nuevamente las terrazas abiertas, lo cual es muy alentador, aunque el invierno aquí es llevadero gracias a lo luminosa que es la ciudad y a lo despejado del cielo.
El invierno tiene su lado positivo, la nieve es buena cuando se es arriesgado y te puedes dar una vuelta por las montañas para intentar esquiar, hacer snowboard o sencillamente jugar como un niñito lanzándote de un trineo.
Como no quise perderme la oportunidad, me fui a Cotos y Navacerrada, un paso de montaña de más de mil 800 metros de altitud situado en la Sierra de Guadarrama, que separa las provincias de Segovia y de Madrid. Para llegar se toma un tren de cercanías en cualquiera de las estaciones de metro que tengan correspondencias con este sistema (ya les expliqué antes que el metro de Madrid está conectado con todo) y luego de recorrer al menos 30 minutos en un tren muy moderno, se pasa otro más viejito el cual sube la montaña y llega hasta la estación de esquí.
Fui varias veces, pero sólo un día cayó una nevada, los árboles se pusieron blancos en muy poco tiempo y unos chicos no perdieron la oportunidad de hacer su muñeco de nieve, con el cual me hice una foto.
En otra ocasión alquilé una tabla de snowboard y le pedí a un chico que estaba practicando que me diera una clase -gratuita, claro está- de cómo levantarme y salir cuesta abajo con la tabla. Convencerlo me costó varias sonrisitas, pero a los 5 minutos ya estaba llevando golpes en la espalda y el trasero y divirtiéndome un montón. No es complicado, pero los dolores en la espalda duran unos cuantos días.
Lo más recomendable a la hora de ir es llevar comida y algo de bebida, pesa un poco, pero los precios arriba son tan altos como la montaña, aunque siempre provoca un chocolate caliente mientras se espera el tren para regresar.
También les cuento que deben levantarse temprano si quieren ir, una vez me quedé en la estación de Chamartín con ganas de subir, habían cerrado la circulación del tren por exceso de personas a las 9:00 a.m.
Y ustedes se preguntarán si pasé mucho frío. Pues sí, lo que pasa es que una vez que tienes media hora en la nieve ya todo el cuerpo se te duerme y empiezas a andar por inercia. En el regreso, cuando te montas en el tren viejito con calefacción bajo los asientos es que te empiezas a descongelar y te das cuenta del frío que has pasado.
Subir a Cotos fue una experiencia que pude vivir sólo tres veces, después me negué a salir a pasar frío, yo soy más del tipo tropical que está disfrutando la subida de la temperatura. La nieve quedó atrás y, aunque Madrid afortunadamente no huele a flores, ya se siente el sabor a primavera.















