Como les conté hace unos días, estoy haciendo prácticas en una empresa que maneja importantes campañas de mercadeo directo, me reservaré el nombre de la misma y también de nuestro máximo cliente, pues el tema que me corresponde hoy tiene que ver con algunos sucesos no tan agradables que todos quienes decidimos venir aquí temporal o permanentemente vamos a vivir.
Dado que este blog no es para hacer propaganda antixenófobas, sino para contarles mis experiencias aquí, me dedicaré a relatar y a opinar de la forma más objetiva posible, sin ningún interés por desalentarlos a venir, al contrario, quiero que sepan que la vida aquí es buena, muy buena, que la escuela en la que estoy nos respeta como profesionales y como personas, lo mismo pasa con las compañías que deciden llevarnos como becarios o practicantes.
Por la introducción sabrán que ya viví mi primera escena en contra de los inmigrantes. Nuestro cliente, una empresa transnacional, hizo un casting a chicas muy hermosas para hacer una nueva promoción, las escogidas llevan casi un año trabajando con otras marcas de la misma compañía y, por esta experiencia, además de su talento para las ventas directas y las promociones, forman el equipo de trabajo de una campaña innovadora con la cual se quiere regalar ilusión a los madrileños.
En un día normal de inspección, los especialistas en marketing y comunicación de dicha empresa salieron a ver cómo lo estaban haciendo las chicas y, para sorpresa de de la agencia, fue retirada de la promoción una de las mejores vendedoras, una chica extranjera, con permiso de trabajo, alta en las seguridad social, en fin, todo lo que se requiere, pero no es de habla hispana y su acento distinto es notable. Esta fue la razón por la cual no se le permitió trabajar más en esta promoción, pese a que ella había pasado un casting que duró al menos 45 minutos.
A la par de que esto ocurría, el dueño de un comercio al cual debíamos enviar otra promotora nos pedía constancia del alta en la seguridad social de la chica que debía asistir, no sin antes advertirnos que no quería sudamericanas en su negocio. Para este cliente escogimos a una española y, claro está, pedimos a los abogados sus papeles, pues en la agencia todas las chicas tienen su permiso para trabajar.
Como becaria extranjera me resulta bastante complicado atender una llamada de un vendedor en la que se me diga que no quiere extranjeras, peor aún, que no quiere sudamericanas.
Les cuento esto porque, aunque no puedo evitar que me duela, también sé que la mayoría de la gente no es así. Llevo cuatro meses viviendo España y es la primera vez que tengo una experiencia similar. El ciudadano común es amable, respetuoso, pero existe una minoría que se manifiesta en contra de los foráneos que venimos ya sea a estudiar o a vivir.
Mi reflexión sobre lo que he tenido que vivir es que sencillamente debemos tratar de ser los mejores en el trabajo, ser correctos en nuestra manera de actuar, no porque un país y sus normas lo exigen, sino por convicción.
El objetivo que me tracé fue aprender, éste debe ser el de ustedes. Aprender más allá de lo que una escuela de negocios y un master pueden enseñar, debemos llevarnos la cultura, entender todo lo que heredamos de los españoles que una vez nos "conquistaron" e hicieron vida en nuestros países, de su arte y de todas aquellas cosas que nos motivaron a venir aquí; conocer el mundo, recorrerlo y aprovechar lo que brinda el viejo continente. En lo que mi respecta me dedicaré a eso el tiempo que esté de este lado del océano, vine a vivir y a dejar vivir.















