martes 30 de diciembre de 2008

Recorriendo Oporto



Una de las cosas más interesantes de vivir en España, es la posibilidad de saltar de país en país, sin que eso represente mayores cambios en tu economía. En los casi tres meses que llevo acá, ya he tenido la oportunidad de conocer Portugal e Italia, en específico, las ciudades de Oporto y Roma, respectivamente.

Hoy me dedicaré a contarles sobre Oporto, porque es una ciudad pequeña, acogedora y con un inmenso mar, invadido por el río Duero.

Fui a allá porque conseguí boletos muy económicos, apenas 64 € ida y vuelta. A la par, conseguí a través de internet un hotel que costaba 200 € , tres noches, con desayunos incluidos. Todo esto para dos personas.

Cuando ves esos precios tan bajos, no te queda otra que pensar que puedes llegar a un lugar sucio o donde te atenderán mal, pero en Oporto parece que no conocen la mala educación. Todas las personas son amables y muy cariñosas con los turistas. El hotel donde me quedé es precioso y la ciudad es encantadora.

Oporto (en portugués Porto) es la segunda ciudad más importante de Portugal después de Lisboa y su centro histórico fue declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco, así que tiene excelentes monumentos para visitar, como la Torre de los Clérigos, la Casa de la Música y la Fundación Serralves. La ciudad de Oporto también es conocida por la innovación y belleza de sus puentes, de distintas épocas y estilos arquitectónicos.

Tanto el país como la ciudad deben su nombre al puerto, cuyas operaciones mueven la economía de Portugal. En tono satírico los portuenses dicen que Lisboa se divierte y Braga reza mientras Oporto trabaja.

Más allá de la belleza de la ciudad, con sus casitas humildes, de múltiples colores distribuidas a las orilla del río, Oporto es agradable por su fácil acceso, con un aeropuerto internacional donde llegan vuelos de todas partes de Europa; un metro que recorre cada una de las zonas como si fuera un carro más y líneas de autobuses organizadas para que turistas y locales recorran todo sin problemas.

Una de las cosas que más me gustó de la ciudad, fue la ubicación de sus restaurantes tanto en la ribera del Duero, como a orilla del mar, siempre abiertos sin importar la época del año.

Particularmente, me atrevo a recomendarles el paseo en barco por el Duero, una oportunidad única de aproximarse a la desembocadura del río en el Atlántico y de observar las edificaciones portuenses, así como la población Villa Nova de Gaia. Además, pasar debajo del majestuoso Luis I, un puente por donde peatones, metro y automóviles circulan al mismo tiempo, frente a la mirada atónita de todos los que van navegando.
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