Sí ya sé que tenía tiempo sin escribir y la verdad es que tengo montón de cosas que contarles. La primera de ellas es que ya se acabó el master, al menos el tema de las materias, los trabajos, exámenes e ir a clases. Julio fue un mes intenso y por eso abandoné un poco el blog. Pero bueno, ya es agosto, mes de vacaciones.
Muchos de mis compañeros ya presentaron su trabajo de grado. El mío tendrá punto final el día 25 de septiembre, cuando me toca defenderlo ante un tribunal. Mis compañeras (Laura y Pamela) y yo tenemos todas las ganas puestas en este proyecto que pretendemos hacer realidad. Tendrán noticias de nosotras, se los aseguro.
Con la llegada de agosto se ve como Madrid va quedando desolada. La ciudad inquieta, con mucho tráfico, se convierte en una especie de paseo de visitantes de todas partes del mundo, menos de quienes aquí hacen vida a lo largo de los meses fríos. Ocurre todo lo contrario con las zonas costeras, donde la gente acude casi como una avalancha. No es para menos, no sabía lo dura que era la vida lejos del mar hasta que comencé a sentir temperaturas superiores a los 35 grados en una ciudad absolutamente seca.
Lo pocos meses que dura el “buen tiempo”, como dicen por acá, son sagrados, en especial agosto, mes que la gran mayoría de los trabajadores reserva para sus aventuras veraniegas. Algo que jamás pasaría en un país americano ocurre acá, oficinas enteras, tiendas y hasta restaurantes cerrados por completo durante el mes. Eso de turnarse para “vacacionar” no es nada español, aquí se van todos a la vez.
En septiembre se reactiva la vida madrileña y con ella también un nuevo periodo de clases. Para Fomaselect, septiembre de 2009 también es un mes de cambio y renovación, quienes estamos cursando los masters que culminanen este mes, somos un pedazo de la nueva historia de la escuela, que pasa a formar parte de la Escuela Europea de Dirección y Empresa (EUDE), una apuesta por al calidad y el crecimiento de una institución con muchos años de consolidación.
Somos entonces, quienes nos graduamos ahora, final y principio. Final de una etapa de más de 15 años en masters presenciales en Formaselec y los primeros en el inicio de una nueva etapa educativa bajo la tutela de EUDE. Los invito a pasearse por la página http://www.eude.es/ y a descubrir todo lo nuevo que tiene para ofrecer.
Por lo pronto me tomo unas vacaciones y al llegar les cuento qué tal el descanso, el resultado de la tesis y mis planes futuros. En septiembre también será la despedida de este blog, que seguro dará paso a otras propuestas.
¡Felices vacaciones!
martes 11 de agosto de 2009
miércoles 8 de julio de 2009
Cuerpos al sol
Una de las peculiaridades del verano madrileño es la apertura de las piscinas públicas. Sí, como lo lees, piscinas públicas. Como dirían aquí: “alucino” con la cantidad de gente que sale casi disparada de sus puestos de trabajo rumbo a las piscinas municipales, para echarse un chapuzón y disfrutar del sol. Acto seguido la movida es lucir en las terrazas un bronceado envidiable.
Cuando me enteré de la novedad de las piscinas decidí ver qué tal y fui a la que está cerca de mi casa. Pagué cinco euros por entrar. Es un buen precio, el ambiente es agradable, con unos jardines por donde caminar y canchas de tenis y padel, además de un frontón para jugar en solitario y una zona de picnic. En fin, todo organizado para pasar un domingo agradable.
La piscina estaba en perfecto orden, es grande (50 metros), así que la cantidad de gente no se notaba mucho (antes de las 2:00 pm). Ese día nadé un poco y luego me dediqué a leer.
Una vez pasado mi domingo de piscina, intenté ir el martes siguiente. Sospechaba que por ser día de semana estaría mucho más vacía y yo podría nadar sin niños atravesados en mi recorrido. No pude siquiera llegar a la puerta, una cola parecida a la de los Mercal (mercados populares de Venezuela) precedía la entrada y más al fondo se podía leer un cartel improvisado que decía. “lo sentimos, piscina cerrada por aforo completo”. Todo esto a las 3 de la tarde cuando se supone que la gente duerme la siesta.
En verano la gente hace jornada intensiva,así pues, les queda toda la tarde para el disfrute; mejor dicho, toda la tarde y parte de la noche, porque en esta época el sol se oculta 10:00 pm. Ya no distingo entre día noche. Entre una cosa y otra termino en la cama después de la una o dos de la madrugada.
En fin, mi paso por las piscinas madrileñas fueron debut y despedida. Una verdadera lástima porque son los únicos lugares dentro de la ciudad en los cuales se puede disfrutar de días veraniegos, con bañador incluido y toples (para quienes les gusta).
Ahora busco desesperada una playa cercana a la ciudad donde ir algún fin de semana. Para esto, inevitablemente debo esperar a que culminen mis clases el primero de agosto o recordar mis tiempos de bachiller en los que me fugaba a la playa.
Sigo meditando al respecto y les contaré que he decidido. Creo que la fuga está cerca, sino julio será el mes más largo del año.
PD: Les debo la foto. Para garantizar la intimidad de quienes enseñan sus cuerpos en la piscina, la administración del lugar prohíbe el uso de las cámaras.
Cuando me enteré de la novedad de las piscinas decidí ver qué tal y fui a la que está cerca de mi casa. Pagué cinco euros por entrar. Es un buen precio, el ambiente es agradable, con unos jardines por donde caminar y canchas de tenis y padel, además de un frontón para jugar en solitario y una zona de picnic. En fin, todo organizado para pasar un domingo agradable.
La piscina estaba en perfecto orden, es grande (50 metros), así que la cantidad de gente no se notaba mucho (antes de las 2:00 pm). Ese día nadé un poco y luego me dediqué a leer.
Una vez pasado mi domingo de piscina, intenté ir el martes siguiente. Sospechaba que por ser día de semana estaría mucho más vacía y yo podría nadar sin niños atravesados en mi recorrido. No pude siquiera llegar a la puerta, una cola parecida a la de los Mercal (mercados populares de Venezuela) precedía la entrada y más al fondo se podía leer un cartel improvisado que decía. “lo sentimos, piscina cerrada por aforo completo”. Todo esto a las 3 de la tarde cuando se supone que la gente duerme la siesta.
En verano la gente hace jornada intensiva,así pues, les queda toda la tarde para el disfrute; mejor dicho, toda la tarde y parte de la noche, porque en esta época el sol se oculta 10:00 pm. Ya no distingo entre día noche. Entre una cosa y otra termino en la cama después de la una o dos de la madrugada.
En fin, mi paso por las piscinas madrileñas fueron debut y despedida. Una verdadera lástima porque son los únicos lugares dentro de la ciudad en los cuales se puede disfrutar de días veraniegos, con bañador incluido y toples (para quienes les gusta).
Ahora busco desesperada una playa cercana a la ciudad donde ir algún fin de semana. Para esto, inevitablemente debo esperar a que culminen mis clases el primero de agosto o recordar mis tiempos de bachiller en los que me fugaba a la playa.
Sigo meditando al respecto y les contaré que he decidido. Creo que la fuga está cerca, sino julio será el mes más largo del año.
PD: Les debo la foto. Para garantizar la intimidad de quienes enseñan sus cuerpos en la piscina, la administración del lugar prohíbe el uso de las cámaras.
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Vida en Madrid
lunes 22 de junio de 2009
Ciudad sobre 30 grados

El calorcito del verano llegó, las temperaturas no descienden de los 30º y hay zonas de España donde se han elevado hasta los 45º. El ambiente en Madrid es una locura, todas las aceras están llenas de mesas de restaurantes y de personas ansiosas por sentarse a compartir un rato en un bar. Impera el sabor fiesta.
Hay también quienes desesperados y amparados por la crisis colman las calles para pedir. Un indigente ocupa su esquina en la plaza Callao. De él es la foto que ven al iniciar el texto, una foto del verano de 2008, porque me niego a pagar para conseguir una actualizada. Y es que este señor vende su honestidad, él pide unas monedas para comer, unas para beber y otras para los porros, amparado en un cartel que dice: ¡al menos soy sincero!
En un lugar como éste, en la que aún las ventanas no tienen rejas y un extraño toca el intercomunicador diciendo que es el cartero y cualquiera le deja pasar, también hay rateros que se activan con las altas temperaturas, si no que me lo digan a mi que por contestar el teléfono me quedé sin monedero- un hermoso regalo de navidad, por cierto,-sin documentos y sin nada.
Durante estos tres meses, Madrid tiene una luz cenital radiante que deja al descubierto sus carencias, el exceso de gente, la necesidad y la crisis. El frío esconde por varios meses una cara de la ciudad que sólo se deja ver cuando el calor llega a los 30 grados centígrados.
Las mujeres de abrigos elegantes se deshacen de su glamour para andar con moños improvisados y sandalias playeras. Las conversaciones sólo giran en torno a las vacaciones, mientras la ciudad parece reclamar la ausencia de sus nativos que desde junio empiezan a planear su huida para descansar de las vías colapsadas, del metro que es motivo de orgullo el resto del año. Ya el parque del buen Retiro se ha quedado pequeño. Los extranjeros admiran esta cara de una Madrid que se muestra sonriente a los foráneos y que mientras más calienta el sol es menos apreciada por sus habitantes.
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